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Desde el principio de los tiempos el hombre ha mirado hacia el cielo por la noche y se ha deleitado con el firmamento nocturno. Probablemente los más observadores se darían cuenta de la existencia de algunas estrellas, muy pocas, algo peculiares, diferentes de la inmensa mayoría que podían apreciarse.

En primer lugar brillaban más y tenían un tono de luz distinto en algunos casos (rojizo, amarillento…). Por otra parte, en las frías noches de invierno y otoño sobre todo, podía apreciarse claramente que no titilaban como el resto de estrellas. Para colmo, los más pacientes se dieron cuenta de que no seguían el camino de todos los demás puntos del firmamento. En lugar de ir girando lentamente durante toda la noche alrededor de un punto fijo, que coincide con la estrella polar en el hemisferio norte de la Tierra, seguían una línea recta que atraviesa el cielo. Peor aún, en algunos casos incluso “se da la vuelta” y retrocede durante un tiempo para luego volver a su camino anterior en sentido contrario.

La cultura griega, una de las que más ha perdurado hasta nuestros días en el mundo occidental, le dio el nombre de “planetas” a estas extrañas estrellas. Planeta viene del griego πλανήτης (‘planētēs’), que significa “vagabundo, errante”, e indicaba su peculiar comportamiento contrario a la perfección circular con que el resto de cuerpos visibles se desplazaban por los cielos.

En aquella época sólo se conocían cinco planetas, los únicos visibles a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Posteriormente se descubrieron tres planetas más: Urano, Neptuno y Plutón, aunque en el año 2006 la Unión Astronómica Internacional (UAI) redefinió el término planeta como todo aquel cuerpo celeste que:

  1. Orbita alrededor de una estrella o de los restos de una estrella
  2. Tiene suficiente masa para que su gravedad supere las fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuma una forma esférica en equilibrio hidrostático.
  3. Ha limpiado la vecindad de su órbita de restos, es decir, que tiene dominancia orbital.
  4. No emite luz propia.

y Plutón no cumple el tercer requisito, ya que su masa es solo 0,07 veces la masa de los otros objetos de su órbita.

No obstante, en esta sección incluiremos a Plutón por dos motivos principalmente: por tradición (ya que “fue” planeta durante casi un siglo desde su descubrimiento en 1930 por Clyde William Tombaugh) y por el espectacular fly-by de la New Horizons que tuvo lugar el 14 de julio del año 2015, que nos ha dejado algunas de las imágenes más impresionantes de la historia de la astronomía.

A lo largo de las próximas semanas se irá actualizando esta sección añadiendo los planetas por orden secuencial, de más cercano al Sol a más lejano. La idea es concretar en una sola página las características más importantes de cada uno de ellos, desde un punto de vista puramente utilitario y como referencia, junto con mis impresiones particulares. Espero que sea interesante 🙂